Hay ocasiones en las que siento una necesidad imperante de hablar y manifestarme, entonces me armo de valor y a veces sucede que cuando empiezo a expresarme una extraña emoción me invade dificultándome en gran medida la emisión de cada palabra. Justo ayer experimenté lo narrado. Después de una hermosa dinámica introspectiva tuve el impulso demandante de romper mi silencio. Hablé... aun dudando si aquel era el lugar y el momento oportuno para hacerlo, y una vez dado el paso algo me detuvo y contuve la totalidad del mensaje, como cuando uno está a punto de lanzarse de un tobogán y de pronto se arrepiente y desciende. Entonces titubeé, mostré torpemente sólo una parte de la imagen y comprendí que bailar es la mejor manera que tengo de satisfacer la necesidad de declaración. Cuando bailo queda expuesta la totalidad de mi persona. En este momento, me resulta imposible otro camino, además de incómodo e inseguro.
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