No todo puede hallarse en la
superficie. Hoy escribo este ensayo desde la profundidad del pozo, y aunque
según mi umbral es demasiado oscuro, mantengo el firme deseo de despertar… Desde
hace mucho tiempo vivo un constante retorno, como aquel extranjero loco que
vuelve a recargarse sobre la misma piedra, y en cada vuelta se desprende una
capa de mi cuerpo, que así como duele libera.
La vida constantemente solicita
la interrupción de la ceguera, petición a veces serena, a veces violenta. Yo no
quiero que el miedo me haga perder la vida, por eso he bajado hasta el fondo… y
es verdad, alguien aguardaba ya con un pañuelo.
Y aquí, sumergida, he podido
palpar hasta diferenciar un vestuario de un disfraz, cada trozo de tela que se
me va extrayendo descubre mi vulnerabilidad, y aunque de inicio la desnudez me sabe
amarga, mi respiración va siendo cada vez más profunda. Mi energía desea
cambiar el rumbo, enfocarse en el presente y “estar”, porque se siente
exhausta de tanto guardar, las
vergüenzas ya le son obsoletas, quiere tirarlas por la ventana para echarse a
volar… Y en esa ligereza sentir un aire de libertad.
A base de mirar las ausencias
comprendo la diferencia, al ir tirando lo que no soy, voy encontrando mi
rostro. Descubro la cúspide de la liberación cuando una voz interna grita
“perdón”, entonces la cima me atemoriza, pienso en el peso que tiene para mí en
este momento la palabra tiempo, sin embargo me sitúo frente aquella vocesita y
entre una multitud de lágrimas la abrazo con fuerza mientras pienso que el
tiempo baila formando una ronda imparable, y con cada repetición exhala cierto
grado de purificación. Cada pisada parece la misma, sin embargo la huella es
distinta.
A partir del “yo” voy
comprendiendo el “nosotros”, la palabra folklor va cobrando sentido y con éste
alivio. Folklor poderoso, cómo quieren que quepas en un libro cuando guardas en
tus entrañas a pueblos enteros y recoges cada una de sus manifestaciones en
grupo producto de un mismo sentir y vivir compartido. Asocio lo anterior con un
rompecabezas en el que cada pieza es de vital importancia para componer el
todo, cuando los fragmentos se unen se hace evidente la palabra. Folklore,
te fortalece ese andar incansable que recoge lo nuevo, la continuidad es tu
fuente de vigor; jamás te rindas, no pienses siquiera en detener tu marcha,
sigue mirando hacia adelante manteniendo conciencia de lo que va quedando atrás
a cada paso, de lo contrario a dónde iremos a refugiarnos.
El agua del río no puede frenarse…
fluir es necesario si lo que se quiere es seguir andando. Y en esta búsqueda
exhaustiva es preciso tomar decisiones, que por sí solas llevan implícitas las
renuncias pero es forzoso atravesar la pérdida y dar espacio al duelo como
único camino para volver al centro. El cuerpo es sabio y pide lugar para
nuevas vivencias.
Una de estas elecciones de las
que hablo anteriormente es la danza, porque hay quien afirma que no se compagina
con lo que necesito, entonces renuncio a ciertas necesidades creadas para
abrazar a este quehacer que me tiene enamorada, con la auto consigna de buscar
constantemente la verdad que alberga el alma, rechazando todo afán de
pertenecer a lugares ajenos, desechando con frecuencia los pesos que no sirven
de nada, porque quiero andar ligera para bailar sin fronteras. La repetición
afinará mi técnica y agudizará mi vista. Mis movimientos responderán a mis
adentros, ya no serán producto de saciar vacíos míos ni dar gustos a
externos. El aplauso más importante
provendrá de mí misma, aceptando frente al espejo que soy ésta, que el de alado
piense lo que quiera. La luz del escenario es efímera, la verdad perdura. Ya estoy cansada de la cobardía, esos arrebatos que voy teniendo de
valentía me están provocando adicción.
Así que hoy para mí la danza es búsqueda,
exploración de mí misma, investigación de mi folklore. Vivir implica un riesgo.
Quiero correrlo.
Por estos lares narrados camino
actualmente, luchando cada día por que el dicho se torne en hecho. Estoy
convencida de que el paso por la oscuridad orilla a valorar y apreciar hasta la
médula los colores del alba. Dicho lo anterior suspiro, le sonrío a la noche
agradecida mientras saco de mi mochila aquello que ya no necesito. Estoy lista.
Seguramente mañana, cuando
amanezca, me sorprenderá la frescura y el aroma de las flores… y la voz de Nora
Luca deleitará mis sentidos con ese timbre glorioso que entona una canción
hermosa.