Ayer y hoy... y mañana... ¿Fui, soy y seré la misma...? La que se busca en cada esquina, la que pretende día tras día agudizar la vista para no perderse detalle alguno de los lugares que pisa, sabiendo de antemano con tristeza que siempre hay algo que escapa a la mirada (algo que quizá aguarda la ocasión menos oportuna de toparse con nuestra cara); la que llega a conclusiones importantes mientras se traslada en metro, la que come galletas en cantidades exageradas, la que contiene candados, alegrías, sueños y demás fardos en su persona... La que en este instante se está preguntando si es momento ya de cerrar el ciclo de este mar que ha recogido memorias que prueban su presencia en este mundo, en este tiempo y espacio que le ha tocado atravesar.
Ayer y hoy... y mañana... Un mañana que no permite caricias, que exige guarecer todo contacto hasta su muerte, cuando se convierte por fin en presente, en momento palpable. Si me fuera más sencillo comprender lo anterior... Estoy creyendo en este instante que a través del presente se puede rozar el futuro, así como se puede presentir (o no) cuando recién se conoce a una persona, que ésta marcará con tinta indeleble nuestra existencia, que llegará el día en que se le abrirá la puerta de nuestra alma para que conozca los secretos que ahí se guardan.
El caso es que pretendo decidir en breve el futuro de este blog, lo cual me confirma que uno tiene cierta influencia en el porvenir. La duda sobre el destino de este espacio radica en mi deseo de cerrar un ciclo: persigo un comienzo, un inicio que no quiere asomarse hasta que esté cada cosa en su sitio (ilusa de mí).
Ya lo sé, la interrogante sobre el futuro de este mar puede resultar para los ojos ajenos un tanto boba e insignificante pero la realidad es que para mí implica una decisión importante.
Mañana...