domingo, 12 de mayo de 2013

La pequeña no entendía por qué a su alrededor todos lloraban pero se sintió contagiada al instante por aquella tristeza de motivos desconocidos. De pronto se le ocurrió ir por la vasija de barro a la que su madre alegremente había pintado hace poco más de dos meses un cuarteto de peces. Entonces pasó con cada miembro de su familia recogiendo las lágrimas desprendidas, al final vació las suyas en el contenedor y corrió al puerto. Una vez ahí, caminó hasta la orilla del muelle y arrojó los lamentos al mar...

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