lunes, 27 de julio de 2009

Clementina, Patagonia y Rufina

Resulta que hoy mis parientes-vecinos salieron de viaje y el integrante más joven de esa familia me dejó a cargo de sus tres tortugas, a mí que no estoy acostumbrada a tratar con animales. "Clementina" y "Patagonia" tienen proporciones normales, pero "Rufina" es enorme, posee el tamaño de una torta bien servida (sin un gramo de exageración) y me produce unas ñañaras... a ver cómo nos va a estos reptiles y a mi.

domingo, 26 de julio de 2009

Fin de semana

¡Qué rápido se me pasó el fin de semana! Es que me encanta. Me agrada la satisfacción que me invade la tarde del viernes después de haber cumplido una jornada laboral, aquella que aunque se disfruta me produce un cansancio tal que no puedo dejar de valorar la recompensa, esas maravillosas 48 horas (que generalmente me saben a poco) para hacer lo que me plazca, sin un despertador de por medio que me obligue a levantarme cuando todavía no ha salido el sol.
Esto me remonta a mis años de escuela en los que me chocaba enormemente escuchar el despertador o la voz de mi madre advirtiendo que se haría tarde, que crueldad pensaba yo, estando tan cómodamente instalada en mi cama gozando de un sueño placentero y suena ese aparato que acaba con el encanto, no es justo, si todavía no me recupero del desgaste del día anterior. Ah, pero qué tal cuando programaba el reloj porque me aguardaba un viaje, un paseo, una clase de danza… Por imposición cómo cuesta trabajo trabajo, por devoción, adelante y ni se siente. Que mente la mía que resultó un tanto chantajista, pero ya está aprendiendo a comportarse, a mirar el lado más agradable…
Volvamos, que en principio hablaba yo del sábado y el domingo, de cómo me caen bien al cuerpo. Este fin de semana, por ejemplo, fue ameno. La tarde del viernes la pasé con amigos, nos contamos los últimos acontecimientos y reímos a gusto. Tomamos muy en serio eso de que la risa tiene grandes beneficios sobre la salud, sabemos que activa innumerables músculos de la cara, que reduce el estrés y mejora la autoestima.
El sábado comí con gran parte de la familia en casa, me gusta cuando el comedor se llena e intercambiamos palabras. Me introduje en la cocina con anticipación para echar una mano con la comida, no hice gran cosa porque todavía no termino de descubrir aquello que llaman sazón. Rebané un lomo que quedó buenísimo (eso sí, se me da muy bien degustar), freí unos plátanos machos y atendí con esmero a los invitados, todos parientes al fin y al cabo.
Y hoy… hoy me rindió el día, durante la mañana no dejé de hacer cosas y por la tarde a Coyoacán, me resulta divertido ir ahí, no lo hago muy seguido pero cuando voy acostumbro sentarme en una banca a disfrutar de unos churros y un capuchino mientras veo a la gente pasar, cuánto folklore hay reunido en ese lugar, lo visitamos personas de todo tipo y eso me gusta. Y después a caminar y chacharear.
Así fue, y ahora ya me voy a descansar porque mañana otra vez hay que madrugar.
Buenas noches. Buena suerte.

lunes, 20 de julio de 2009

Abierto vs Cerrado

Todo lo que se abre puede también cerrase. Todo lo que se cierra puede ser abierto nuevamente.
¿Qué se gana con abrir? ¿Se pierde algo al cerrar?
Yo abro una caja de galletas para deleitarme y deleitar a los demás con el sabor, si no lo hiciera me estaría privando de la experiencia, del placer de saborear ese postre tan exquisito, pero al mismo tiempo, si el paquete permanece cerrado me ahorro unas cuantas calorías, y si el peso me resultara preocupante seguramente me libraría de varios minutos en el gimnasio.
Entonces, ¿cuándo abro y cuándo cierro? ¿Cómo mido cuánto gano y cuánto pierdo?
Hoy, por ejemplo, fui testigo de cierres y aperturas constantes. Desde temprano, abrí la ventana de mi cuarto para que entrara el sol y pasara el aire, mi madre la cerró por la tarde para impedir que el agua se colara dentro de la casa. Abrí los ojos y observé maravillada lo bien que cerró la herida de mi hermano. Abrí mis brazos y recibí emocionada el cuerpo de una pequeña que se me abalanzaba. Abrí el paraguas y caminé sin prisa por la banqueta mientras el agua caía en cantidades moderadas. Bailé, y confirmé que la danza es un abrir y cerrar del cuerpo en movimiento. Abrí un libro y conocí Las Memorias de Saramago. Cerré la llave para no seguir gastando agua. Cerré la computadora y me acosté un rato, sentía demasiado cansancio.
¿Lo tengo ahora más claro? Mm… Mejor sigamos.
“Yo no me junto con gays”, tuve que escuchar alguna vez. Mentes cerradas pensé, que vacías deben ser. Algún complejo han de esconder. A abrir deberían de aprender.
Mejor cierro la boca, no me gusta ser chismosa. O mejor sí la abro, es importante que diga algo.
La palabra abrir me resulta más amable, me invita, me regala, me da posibilidades… Cerrar lo relaciono con despedida, con final, con límite. Cierro para detener, alejar, retener, despedir… Cierro por miedo, por precaución, por ignorancia, por necesidad, por inconsciencia… pero aunque a veces me produce malestar, también cerrar me suele beneficiar.
¿Cierro para abrir? En ocasiones sí. Cuesta trabajo dejar ir, pero a veces sólo así se puede recibir.
A varias voces he escuchado decir que “cuando una puerta se cierra otras se abren”. No se equivocan. De manera que abrir y cerrar es cuestión vital. Tan importante es el abrir como el cerrar y hay que saberlos manejar.
Entonces de nuevo ¿cuándo abro y cuándo cierro? ¿Cómo mido cuánto gano y cuánto pierdo? Supongo que la intuición, el corazón y la razón pueden darme la solución.
¿Y ahora? Ahora cierro un ciclo. ¿Qué espero? Apertura ¿De quién? De mi misma, de ti, de ellos. ¿En dónde? Aquí, allá, en todo lugar; claro, sólo cuando así sea conveniente accionar. ¿Qué abro? Los ojos, la boca, el corazón, los sentidos, abro…
Qué ricas son estas galletas. Bendito sea el gimnasio, que abre sus puertas temprano y permite a cada uno ir a su paso.

Desde la mar...escribo

Bienvenido. ¿Por qué "Desde la mar...escribo? Por varios motivos, no todos pueden confersarse en este momento, pero con gusto diré aquellos que quiero dar a conocer. Una de las razones que me orilló a abrir este blog es que he comprobado los beneficios de la escritura, es generosa, no me pide nada a cambio y quiero aprovecharla al máximo. Además lo disfruto mucho, me estimula, me ilusiona...
Otra cuestión es que desde hace ya varios meses soy aficionada y lectora fiel del espacio de una querídisima amiga, cada vez que la leo me quedo anonadada (válgame, que palabra tan rimbombante, tan fuera de uso, "estás bien cag... María" diría un amigo mío) con esa manera tan peculiar e inigualable de escribir, tan poética, reflexiva, hermosa... da gusto leerla, me encanta esa sensación que me produce su lectura y ese punto de vista que enriquece el mío. Ay, no quiero desviarme pero deseo que se entienda eso que siento ante semejante talento, qué envidia, de la buena por supuesto jajajaja... ¿Será?
El caso es que yo he querido estar del otro lado y saber qué se siente, probaremos entonces, quiero tener un espacio que sirva de desahogo, divague, diversión, relajación, reflexión, donde pueda contar esas anécdotas que suceden a diario... y para qué mentir, también quiero ser leída por supuesto.
Una vez más bienvenido, aquí es bien recibido, deseo sinceramente que cada vez que venga su estancia resulte placentera.