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domingo, 11 de marzo de 2012
sábado, 10 de marzo de 2012
España nuestra
No España tuya o mía.
¡España nuestra!
Geografía íntegra, trasvasada en halago
de materna entereza.
Porque todos son hijos de tu carne y tu sangre,
sueños de tu vigilia, cuchillos de tu vela...
España… ¿Quién eres? ¿Por qué cuando escucho tu nombre me siento aludida? En esta ocasión es fácil la respuesta; y mira que llevo ya varios días, tantos que he perdido la cuenta, intentando (re) construir mi identidad. Momento oportuno para abordar las preguntas que dan comienzo a este escrito. Tu filiación me resulta familiar porque la sangre que transita por mis adentros está enlazada contigo. Es verdad que no he nacido en esa tierra, ha sido México, país hermoso, quien me ha dado la bienvenida. Así que por realidad, convicción y elección, tengo doble nacionalidad. Quizá lo anterior me resta objetividad cuando a ti me refiero porque aunque miles de kilómetros nos separan te tengo un cariño inmenso. Bien dijo Lorca que “el español que no ha estado en América no sabe qué es España”, yo, heredando la huella del exilio, te siento aquí, presente siempre. He crecido entre coplas, guisos, proverbios, palabras y costumbres cuya raíz se remonta a la Península Ibérica.
Sé que fulgores y penumbras te componen, historia plena de enigmas, lugar de contrastes, pueblos que se entrecruzan, monumentos que prolongan voces, intercambio de pensamientos, adaptación de idiosincrasias, legado invaluable de letras, ciencias exactas, filosofía….
Considero oportuno un poema de Borges:
España
Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.
Luces y sombras… “heroicidad y valentía, tragedia y sangre”. La historia no es un buffet en el que uno pueda elegir lo que le apetezca y aderezarlo a su antojo, el pasado es y no puede ni debe modificarse.
Llevas marcadas heridas cuyo peso te avergüenza y paraliza. Has intentado permanecer en una aparente zona de confort con el silencio como cimiento, simulando una fachada sonriente que finge que no pasa nada, por dentro, el alma lacerada. Hoy esas llagas están a punto de reventarse.
Despierta España… derrama de una vez por todas las lágrimas guardadas. Sé valiente, mira al pasado de frente, asume tus aciertos y tus errores. Porque las cargas desaparecen cuando se lleva la verdad como estandarte; sin peso, la libertad se siente y la caminata es viable.
Date cuenta, sigues teniendo la misma fuerza, quizá sólo se ha perdido la conciencia. Insisto en que es preciso volver la vista atrás, viajar hasta tus inicios, recordar cómo fue tu edificación y confirmar la inagotable riqueza que te conforma. Norte, sur, este y oeste ornamentan tu patrimonio, fueron varios los pueblos que caminaron tus suelos derramando a su paso un vaho de abundancia.
Despierta España… los versos árabes de la Alhambra te abrazan. Las torres de Compostela, símbolo de peregrinación y punto de comunicación, te guían. La mezquita de Córdoba, monumento esencial de la arquitectura andalusí, te abriga. Ideología árabe y judía albergan las letras de tus cantares, sumérgete en su embrujo, sal adelante. Empápate de la grandeza de la colonización americana. Evoca aquellas potencias que transformaron tu existencia, escucha ese eco que prolonga su vida.
Por más que quiero relatarte con tinta extrafina los episodios de tu biografía, eres tú quien ha sentido hasta los huesos y ha experimentado en carne propia todo lo narrado, yo sólo puedo refrescarte la memoria para que vuelvas a alzar la cabeza; y apoyándome en un fragmento de Miguel Hernández, me respaldó con lo siguiente:
Nadie me verá del todo
ni es nadie como lo miro.
Somos algo más que vemos,
algo menos que inquirimos.
Algún suceso de todos
pasa desapercibido.
Nadie nos ha visto a nadie
ciegos de ver, hemos visto.
Mi deber es hacer bien lo que me corresponde, cada vez me convenzo más de que al actuar de esa manera veneramos el pasado y con ello honramos a los muertos, que en realidad se mantienen vivos. Bien lo expresa un refrán sefaradí: “Muchos me dieron, muchos me darán, ay de mí cuando no dé”. Por eso a través de mi danza, con cada movimiento honraré a todos ellos, gracias a los cuales, nos encontramos aquí haciendo lo que hacemos. Y me seguiré buscando y encontrando a través del quehacer diario. Y un olé, de raíz árabe, hará tambalear la tierra conectando pasado y presente para regalar la esperanza de un alba resplandeciente.
España verde, verde olivo, verde limón… has ganado vida eterna.
domingo, 4 de marzo de 2012
Mi color favorito es el azul turquesa, aunque en realidad los colores me dan por temporadas.
Tengo la manía de olerlo todo, ahora mismo me vienen a la memoria dos aromas agradables, el de la tierra mojada y el de la cebolla friéndose en aceite de oliva.
Innumerables alimentos me fascinan, cabe mencionar que comer me resulta un goce gigantesco, infinidad de sabores me deleitan, entre ellos el chocolate, la pasta, la sopa de lentejas de mi abuela, las torrijas, la paella, la papa en cualquiera de sus presentaciones, los sopes y las gorditas...
Adoro la comodidad de los pants y los tenis.
Prefiero sin dudarlo un perfume fresco, las fragancias dulces me hastían.