El otro día al finalizar una clase dibujé con mis manos un círculo protector, un aro de luz y mientras me abrazaba me susurré lo siguiente: "Ay María, cómo te quiero". Caray, ¿abrase visto cosa igual? Qué susto, qué risa... seguro estoy rozando la locura. Y peor aún, creo que me gusta.
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