No cabe duda que la danza es fuerte, digna hija de todas las artes, que a pesar de prohibiciones e imprevistos no ha dejado de latir porque su esencia es auténtica, porque el ser humano piensa y tiene incógnitas constantes, porque tal práctica refuerza la identidad y nos mantiene cerca de nuestros muertos, porque la unión hace la fuerza, porque hay que celebrar la vida y aceptar la muerte...
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