Día tras día se vuelve al camino que promete cada mañana un tesoro dichoso. Pisar esa vereda es lo que más se anhela. Por eso las manos toman con fuerza la confianza que queda, para que no se esfume, para que no se muera. Por eso se inventan historias que acompañan el movimiento, para que el goce no abandone a la persona, para que la dicha se quede a su vera. ¡Paciencia! Se está sembrando el campo. En el momento justo vendrá la cosecha.
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