martes, 1 de enero de 2013

Aprecio la maravilla de la convivencia; valoro compartir... La alegría en solitario no tiene sentido y el dolor no compartido pesa demasiado. Sin embargo experimento con frecuencia el deseo de desconectar, de apartarme del ruido y el gentío; constantemente siento la necesidad de refugiarme en la quietud. En esta soledad momentánea y controlada, encuentro un deleite que me fortalece.

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