Entiendo... duele el vacío, quema la ausencia, desgarra pensar que aquellos momentos compartidos no podrán repetirse. La vida impone un cambio sin previo aviso y más vale acostumbrarse pronto porque el ritmo sigue siendo el mismo, el tren no se detiene por más que uno le ruegue. Queda el recuerdo... y puede quedar también la conciencia de disfrutar el "ahora", de construir un presente cálido que nos regale recuerdos entrañables el día de mañana. Las luces se encienden y se apagan, es ley de vida... y de muerte.
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