Resulta que mi cabeza se estrelló contra la esquina metálica de un mueble, recién me di el golpe vi las estrellas, lancé gran cantidad de groserías mientras me retorcía del dolor, claro, controlando el volumen de mi voz para no armar alboroto. Intenté disimular mi lamento, un señor que se encontraba en el lugar de los hechos se limitó a decir "ay, cuidado" ya cuando había recuperado el aliento, oportuno su comentario pensaba yo en mis adentros. Un espejo cercano me mostró la herida, me asusté, la sangre me apantalla, una buena mujer quiso rociarme de inmediato (a falta de alcohol) perfume para evitar cualquier tipo de infección pero me negué tajantemente no sin agradecer su preocupación y ayuda, poco tiempo después y todavía medio atolondrada me curaron, ahora ya como si nada.
Claro, una vez pasado el susto me reí como loca del oso que me aventé. Méndigo fregadazo me propiné el día de ayer.
Velo como que se tenían que ordenar las ideas jejejeje... ¡pobrecita!
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