Hace algunos días se celebró el Día Internacional de la Danza, yo desde entonces tenía muchas ganas de escribir sobre eso en este espacio, hoy he encontrado el tiempo. Empezaré por contarles que disfruto enormemente bailar, que cuando suena la música me lleno por dentro y mi cuerpo se mueve plácidamente, entonces me siento grande, conmigo, "aquí y ahora"; es en ese espacio donde fluyo, donde puedo hablar sin necesidad de palabras, donde no existen bloqueos; en ese momento me libero, me sensibilizo, me despierto, me conozco, me entrego... alma y cuerpo se ponen de acuerdo, se abrazan... No, no cuento con una técnica maravillosa, pero como dije alguna vez, el ensayo me sabe a gloria, ir percibiendo la mejoría me alienta, me fortalece y me deja sedienta. La danza me regala seguridad, alegría, ilusión, una profunda satisfacción y por supuesto me llena de vida.
También me gusta mirar desde fuera, sentarme tranquilamente a observar lo que se me ofrece delante, es impresionante todo lo que puede percibirse desde la butaca... me interesa escuchar lo que dice con el cuerpo cada bailarín(a)... piernas, brazos, torso, cara, mirada... que maravilla, aunque dos o más personas estén ejecutando el mismo paso, los distingue su particular e inigualable expresión, cada uno tiene su propia voz.
Pero tampoco en la danza todo es color de rosa; la competencia no cesa, solidaridad no es una palabra de moda entre los artistas; es una pena porque creo que si se unieran las fuerzas se podrían exigir y lograr cosas, como por ejemplo jubilaciones, seguros, sueldos más dignos...
En fin... hay otro punto clave en esto de la danza: los maestros... pero creo que otro día dedicaré toda una entrada a ellos. Por ahora me despido confirmando que "la danza es magia".
Ojalá más gente pudiera verte bailar.
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