jueves, 22 de abril de 2010

Despedidas

He de platicarles, escasos pero queridos lectores, que eso de las despedidas me produce unas ñañaras tremendas. Aquello que se siente cuando se acerca el momento del adiós o el hasta luego en el mejor de los casos es tremendo, a mí me resulta tan complicado... me dan unas ganas bárbaras de salir huyendo y saltarme ese momento. Claro, hay de despedidas a despedidas, unas más amargas que otras... yo ahora, abusando del drama, me estoy refiriendo a aquellas en las que desde dos o más días antes del momento terrible ya se siente algo extraño en el estómago, en la garganta... como si el cuerpo presintiera que existirá un vacío y se preparara para ello... esas despediadas que pegan con ganas, esas en las que no se puede (por lo menos a mí así me pasa) ni pronunciar palabra, no vaya a ser que uno se desparrame y exponga su sensibilidad de par en par ante las demás miradas. Por eso yo prefiero expulsar todas las palabras y mimos necesarios antes del temido suceso y... que baste mi presencia para decir adiós.

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