Días atrás una querida amiga me escribió la siguiente pregunta: "¿Cómo sabes cuando el cielo es tuyo y cuando no?" No contesté inmediatamente, dejé pasar el tiempo, aguardé la respuesta, sola no llegó, la busqué, ¿la encontré? Tal vez no es el mejor momento para hablar de cielos o quizá nunca fue tan oportuno hacerlo. Me gustaría contestar con seguridad que basta con escuchar al corazón para reconocer sin error "nuestro cielo", pero creo que el asunto es más complejo, la razón me hace creerlo. Por mi cabeza pasan y pasan palabras sueltas; destino, vocación, corazón, decisión, elección, terquedad, permanencia, tiempo, esfuerzo, constancia, esencia, ser, hacer, oportunidad, puerta, posibilidad, sueño, realidad, cualidad, pasión, motor, creatividad, goce, libertad, acción, economía, valor, prioridad, historia, lastre, valentía, des-aprender, aprender, búsqueda, dentro, fuera, expresión, corazón... Sí, corazón...
Las palabras cesan, permanezco sentada, desde aquí abro la persiana y el cielo aparece detrás de la ventana.
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