Me fascina ser espectadora y sentir una emoción inexplicable durante y después de la función. De manera que cuando cierra el telón y la luz de la sala se enciende uno se sabe más despierto, la esperanza regresa o se ensancha y entonces se cree tener la fuerza necesaria para contribuir con la vida... Creo que esa es la magia del arte, movilizar la conciencia y activar los sentidos, así uno percibe que está vivo y confirma que no se encuentra solo.
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