Estoy sentada frente a la ventana, atendiendo cada pensamiento que cruza por mi cabeza. Ahora mismo pienso en el porvenir... ¿Qué será de mi en dos años? ¿Qué será de México? ¿Qué será de España? ¿Qué será del mundo? El caos actual cede un mañana incierto, aunque ahora que me detengo en dicho pensamiento creo que aun en momentos serenos y en apariencia estables el futuro es en gran parte impredecible, por más detallada que sea una planeación es imposible el control absoluto. Dicen que todo es transitorio, de manera que este embrollo desembocará en equilibrio. Es sabido que las crisis son favorables ya que existe la oportunidad de reiventarse. Quizá la recompensa de pisar el borde del abismo sea la conciencia. De ahí la metamorfosis.
En realidad es emocionante desconocer el porvenir. Por lo pronto, hoy, en este instante, se puede contribuir... Nuestra acción inmediata repercutirá mañana y en un segundo se habrá vuelto pasado... Cuánto valor tiene este preciso momento, cuán importante es percibir el aquí y ahora, con todos sus colores, con todas sus texturas.
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