Hoy termino de escribir el último
ensayo del ciclo escolar, la palabra final que indica el término de la materia
de Historia de la Danza. Por ello no quiero menos que hablar con absoluta
sinceridad como manifestación de uno de los principios que marcaron mi
transitar por dicha aula, “un rostro y un corazón verdadero”. Y como cada fin es a su vez un inicio lanzo
esta voz que está adquiriendo una tesitura nueva.
Es común que al terminar un ciclo
me pregunte lo siguiente: ¿Cuál es el conocimiento adquirido? Y en este caso: ¿Qué
aprendí en este semestre? ¿Qué me queda después de dos años de cursar tal
asignatura? El aprendizaje ha sido inmenso, compartiré lo que para mí es más
significativo en este momento.
Demasiada teoría en mis
cuadernos, mi mente porta ya varios conceptos, considero importante saber, por
ejemplo, que la Escuela Bolera, cuya primera etapa se da en los siglos XVII,
XVIII y XIX, une dos caminos, el de la Danza Popular Española (Folklore) y el
de la Danza Académica Francesa (Ballet). Pero más allá de lo que mi cabeza
pueda almacenar y dar utilidad cuando surja la oportunidad, está mi
pensamiento, mi reflexión. Me atrevo a decir con plena seguridad que no hubo
una sola clase en la que no sintiera la necesidad de detenerme a meditar;
infinidad de preguntas me asediaron, en ocasiones las incógnitas detonaron en conclusiones
que me tranquilizaron haciéndome sentir que mi panorama se expandía o se
aclaraba; otras veces viví las interrogantes como un bocado amargo que provoca
un malestar angustiante. Y es que el espejo revela tanto las fortalezas como
las debilidades; la riqueza que desprende el nítido reflejo es invaluable. Observar
mi retrato de manera constante desprendió información abundante. Uno de los
hallazgos más importantes, fue percatarme y aceptar que encima de mi vestuario
porto un disfraz excesivamente amable. Por supuesto no me detengo en explicar
el por qué de dicha indumentaria, sólo afirmo que llevo ya mucho tiempo
trabajando al respecto. ¿Por qué nace el disfraz? ¿Acaso existe algo tan ajeno
a los demás y tan terrible que se tenga que ocultar? ¿Qué miedo tan brutal
esconden las caretas? Supongo que la vergüenza tiene que ver en esto… entonces
se recurre al disfraz para evitar el doloroso rechazo, para eludir el vacío
intolerable, para evadir el miedo que causa el insoportable abandono. Sin
embargo me encuentro optimista. Mi esperanza está activa porque confío en que
el disfraz puede romperse, aunque he de reconocer que a veces flaqueo porque
inmersa en la tarea de rasgar la tela he encontrado retazos de un tejido
poderoso que se resiste a desintegrarse, justo es ahí donde surge el miedo, el
desaliento, el cansancio y el hartazgo; no obstante cuando me sorprendo tocando
el propio paño recupero el aliento mientras confirmo que tengo mis propias alas,
éstas que sueñan con palpar distintas nubes, éstas que se fortalecen con la
confianza que yo misma les voy otorgando, con la fe que ponen sobre mí
distintos rostros que por corto o largo tiempo han coincidido en mi trayecto,
éstas alas mías que no pueden ni deben compararse con otras porque todas son
distintas e igualmente valiosas. Cuánta felicidad impregnada en dichas
extremidades, cuántas historias recogidas, ciertos dolores infiltrados… El
pasado es importante, la memoria ha de conservarse para estar bien plantado,
para saber quién se es y por qué, para accionar en base a la experiencia…
Conforme transcurre el tiempo ha de afinarse la conciencia, asumirse la
responsabilidad, reducirse la ignorancia… con lo anterior me permito desahogar
la tristeza que siento por este país nuestro; lamento el conformismo, el
estancamiento, la flojera contagiosa, la falta de información y pensamiento… ¿Dónde
está la cura que necesita mi pueblo? ¿Cuál puede ser un buen comienzo? ¿Cómo se
despierta la conciencia ajena cuando es prudente y urgente evitar el
sometimiento? ¿Fuente Ovejuna es un buen ejemplo? Para que la unión haga la
fuerza debe preceder el entendimiento y la convicción en un ideal común. ¿Qué
deseamos cada mañana al levantarnos? ¿Por qué tendríamos que resignarnos a vivir
carentes de libertad y justicia? No
puedo soportarlo, no quiero, ¿qué hago? Porque es evidente que mi intención no
alcanza, mi quehacer diario no es suficiente, se necesitan más voces, más
miradas que contengan la esperanza de un amanecer digno, equitativo y honesto.
Y una vez descubierta mi ansiedad
ante la situación actual del país, retomo el objetivo del ensayo no sin antes
advertir que esta persona que escribe ahora es producto de todas sus vivencias,
las lejanas y las recientes… por lo que nada de lo que aquí manifiesto queda
fuera de cuento.
Como ha quedado exhibido, pareciera
que tengo más preguntas que respuestas, quizá sea cierto. Aún no logro
contestar todas las dudas surgidas de la cátedra en cuestión pero deseo fluir y
creer que la corriente del río traerá a su debido tiempo cada contestación. Lo
que es un hecho es que la danza ilumina mi camino y a mí también me ha salvado
de más de un naufragio. Nací en México y sin embargo estudio Danza Española,
adoro bailar flamenco… ¿Por qué? Porque me lo
piden las entrañas... Mi núcleo vibra intensamente con tal expresión como no
consigue hacerlo con otra manifestación. Es la única respuesta que puedo dar en
este momento.
Por último manifiesto mi agradecimiento, porque después de horas
y horas de practicar frente al espejo en distintas materias prácticas exigiéndole
al cuerpo mejora técnica, existió un momento de pensamiento... un lugar para
dudar, confirmar, buscar, encontrar, coincidir, diferir, conocer, aprender,
descubrir, hablar, escuchar... crecer… SER.
Claro… Esperanza activa…
¡Hasta siempre!
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