La verdad es que sigo teniendo miedo.
Cuando el monstruo está de frente mis manos se engarrotan; mi torso se tensa como si quisiera construir una muralla a manera de coraza; mis piernas se tornan pesadas, creen que así no podrán derribarlas y mi cara se vuelve rígida queriendo aparentar neutralidad e indiferencia.
La verdad es que sigo teniendo miedo.
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