lunes, 17 de octubre de 2011

Intenté que la risa sonora ocultara esos dolores que no quieren ser publicados... intenté que mis hombros lucieran relajados... intenté guardar silencio... pero mi cuerpo grita desesperado ante la ausencia de palabras. Que la espada y la pared se alejen es mi deseo inmediato, que la decisión no albergue la renuncia, porque el retiro duele... duele y asusta. Sin embargo la vida actúa siguiendo su propio criterio, dando paso al crecimiento. ¿Qué será el día de mañana? Quiero seguir soñando... aunque me inciten a lo contrario. Deseo seguir bailando... aunque tenga que defender toda una vida dicha manifestación. Porque anhelar lo contrario sería renunciar a mí misma y entonces sí me derrumbaría. La esperanza... sigue viva.

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