lunes, 18 de julio de 2011

Hace poco tuve la fortuna de pisar "el espacio vacío", de contagiarme con su magia. Cada vez que estoy ahí me surgen preguntas y a la vez hallo conclusiones. Debo decir que algo me inquieta, el meollo del asunto en esta ocasión es el ego y es que... escucho los aplausos, recibo comentarios, elogios sinceros y cumplidos hechizos... una se engolosina, disfruta el palmoteo del público... y siento miedo; miedo de distorsionar el objetivo, miedo de enturbiar el camino. ¿Será que uno anda el trayecto ya fijado y no puede remediarlo? Yo quiero mantenerme limpia y que mis ideas no se tiñan de vanalidad ni egocentrismo. Porque como dice Carmen Amaya, "danza que no sale del corazón es mentira". Lo que siento ahora es una dicha tremenda, supongo que esto le pasa a todo aquel que hace lo que ama. ¡Ole!

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