sábado, 5 de febrero de 2011

Anormal

Me estoy acordando que durante gran parte de mi adolescencia me daba vergüenza decir que disfrutaba tremendamente escuchar cierta música tan ajena a mi generación, ahora me da risa, ya no siento pena. Qué le voy a hacer si soy ésta que tiene sus gustos y pasatiempos no imitados, tampoco impuestos, quizá sí heredados. Recuerdo también divertida que mi hermano preguntaba una y otra vez, a veces en broma, a veces bien cierto "¿por qué no eres una niña normal?", y yo en ocasiones reía y otras enfurecía, sentirse anormal puede doler o avergonzar y también puede enorgullecer, alegrar, agradecerse.
"Nada es verdad, nada es mentira, todo depende del cristal con que se mira".

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