sábado, 15 de enero de 2011

Hoy

Me levanto de la cama por ahí de las ocho y pico de la mañana a pesar de haberme advertido la noche anterior abandonar la almohada hasta después de las 10:00. Incumplí mi sentencia, la enorme lista de cosas por hacer contribuyó a lo anterior, culpo también a mi garganta, que amaneció adolorida dando a mi voz una ronquera que me transmite una especie de sensualidad que no me desagrada.
Salgo de mi cuarto con dirección a la cocina, tengo hambre pero eso no ha de extrañarme, es parte de la rutina. Desayuno fuerte, así suelo hacerlo, reviso mentalmente qué labores me esperan, siento prisa. Me pongo unos pants, subo al carro, enciendo la radio y arranco. Llego a cargar gasolina, olvido checar las llantas que desde hace unos días veo medio bajas. No hay tiempo que perder, accedo al estacionamiento del supermercado, ingreso al establecimiento con paso acelerado queriendo comprar antes de que dicho lugar se llene de gente. Traigo en mi bolsa una hoja con los productos que necesito porque es bien conocido que tengo memoria de chorlito, así que sigo los apuntes mientras pienso qué voy a escribir en ese ensayo que me han encargado, caray, cómo está todo de caro. Papas fritas, se me antojan unas papas fritas pero mejor ni las llevo, esta semana quiero privarme de grasas, ¿dieta?, no, tampoco eso, jamás he seguido una, no pienso empezar ahora, adoro la comida pero quiero sentirme ligera y nutrida, grandes actividades me esperan.
Ya en la caja me toca una cajera bastante malhumorada, ignoro su falta de simpatía, no sea que contagie mi día. Me marcho a casa, uf, aún hace falta una escala, el sastre me espera desde hace una semana, recojo mi ropa no sin antes asegurarme que ha quedado a la medida. Correcto, ahora sí de regreso. Voy bastante bien de tiempo. A guardar los alimentos, ay, todavía hay zanahorias y volví a comprar gran cantidad, algo tendré que inventar para evitar su caducidad. ¿qué hace el shampoo en la misma bolsa del spaguetti? Eso me pasa por distraerme mientras me empacan. Ah, es una insignificancia. Un tentenpié, necesito una botana antes de enajenarme en la computadora. Ahora sí, inspiración ven a mí, no te hagas del rogar, tú no tienes maldad, anda, pasea por aquí. Música, quizá ella quiera ayudar, ¿qué será bueno escuchar?, Ah... así está mejor. Han pasado ya casi dos horas y se me ha ido el tiempo como agua, tengo que hacer un receso, ya va siendo hora de comer, un rico pavo me espera, es un animal pequeño que alguien obsequió en Navidad pero al tener ya las cenas completas su cocción tuvo que esperar, hoy es el día, a ver qué tal está... delicioso, en verdad delicioso.
La tarde no me ha rendido y ya el sueño me amenaza. ¿Alcanzaré a terminar los pendientes mañana? Híjole, tengo que estar a las 9:00 en la escuela de danza. Mejor avanzo un poco más hoy, no vaya a serla de malas, regreso al ensayo. Qué rayos, ¿puedo plasmar el conocimiento adquirido en meses a través del lenguaje? ¿Alcanzaré a transmitir con palabras aquello que he sentido y recogido a lo largo de varias semanas? De cualquier manera intentémoslo. A ver qué sale.

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