lunes, 17 de agosto de 2009

La Espectadora

“Ahora sé que debo dar lo que más necesito” es la última frase de la película que vi el pasado fin de semana. Salí conmovida lo que derivó en satisfacción y alegría. Encontré… es que hay etapas en la vida en que uno se pregunta y busca desesperadamente algo o alguien que sacie las dudas. Y de repente, se recibe la respuesta que se ha buscado ansiosamente cuando menos se espera, a veces en el lugar más inesperado y quizá de quien menos se imagina. Y se descubre que las respuestas suelen estar dentro de uno aguardando ser tocadas.
Intento ser espectadora frecuente, renunciar de manera momentánea a la acción, guardar silencio por corto tiempo y atender lo que acontece delante mío pero ¿qué pasa cuando cesa la magia, cuando se apagan las luces y se regresa a la realidad? Sucede que generalmente el arte incita, mueve, despierta, empuja, aclara… surgen preguntas y respuestas, se activan los sentidos, trabaja la mente, se mira afuera y a la vez adentro… ¡Cuidado! Ser espectador puede ser arriesgado.
Cada quien ha de vivir la experiencia a su manera pero todos sabemos de tristezas y alegrías, de triunfos y fracasos, de encuentros y despedidas… todos sentimos y eso nos iguala, nos une, nos identifica.
Me pregunto si el artista es consciente de la responsabilidad que tiene, si se da cuenta del alcance que puede tener su expresión sobre él mismo y los demás.
Sí, me gusta sentir desde la butaca y también disfruto sientiéndome protagonista de mi irrepetible historia.

1 comentario:

  1. ¿El espectador es pasivo o es activo? Todos trabajamos para ellos, aún sin querer.

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