La entrada anterior me dejó pensando. Me ha venido a la mente una canción de Serrat en la que habla precisamente de lo que se hereda a los hijos, y como en mi blog no sufro por falta de espacio, pues la copio entera ahora mismo:
Esos locos bajitos
A menudo los hijos se nos parecen,
asi nos dan la primera satisfacción;
esos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, hay que domesticar.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocacion.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada y en cada cancion.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un dia nos digan adios.
Ahora mis preguntas son:
¿Cómo se rompe con estas herencias y se encuentra la verdadera esencia? ¿En qué momento forma uno sus propias creencias y se libra de las ajenas? ¿De qué manera se deshace uno de las cargas negativas y conserva las aportaciones positivas? ¿Qué tiene que suceder para que uno se de cuenta quién es y qué es lo que en verdad desea?
Buscaré respuestas. Lo que sí creo en este momento es que ser madre/padre ha de ser una maravillosa y ardua experiencia.
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